La historia del VHS: el formato que cambió para siempre cómo veíamos películas

El VHS cambió para siempre la forma de ver películas y televisión en casa. Esta es la historia de su nacimiento, la guerra contra Betamax, el auge de los videoclubes y cómo el DVD terminó desplazándolo.

Hubo una época en la que ver una película en casa significaba abrir una caja de plástico, sacar una cinta negra rectangular y empujarla dentro de una videocasetera.

Si querías grabar algo de la televisión, tenías que calcular cuánto espacio quedaba en la cinta. Si querías conservar un programa, escribías su nombre en una pequeña etiqueta. Y si alguien grababa encima de algo importante por accidente, probablemente había problemas en casa.

Durante más de dos décadas, el VHS fue una de las tecnologías más importantes del entretenimiento doméstico. Llevó las películas fuera del cine, permitió grabar televisión, creó colecciones personales, impulsó los videoclubes y convirtió millones de salas familiares en pequeños archivos audiovisuales.

Pero antes de dominar el mundo, el VHS tuvo que sobrevivir a una de las guerras tecnológicas más famosas de la historia.

Antes del VHS, grabar televisión en casa era casi ciencia ficción

La grabación de video existía mucho antes del VHS, pero los primeros sistemas estaban pensados principalmente para estudios de televisión y empresas. Las máquinas eran enormes, caras y demasiado complejas para convertirse en un aparato cotidiano dentro de una casa.

Durante los años 60 y principios de los 70, varias compañías japonesas comenzaron a buscar una solución más pequeña y accesible para consumidores. JVC llevaba años trabajando con sistemas de grabación y, después de varios proyectos anteriores, comenzó formalmente el desarrollo de lo que terminaría convirtiéndose en VHS alrededor de 1971.

La misión no era simplemente fabricar una máquina que pudiera grabar video. JVC quería algo que una familia realmente pudiera utilizar: más barato, relativamente sencillo, compatible entre fabricantes y capaz de grabar durante suficiente tiempo para capturar una película o un programa completo.

Aquello parece obvio hoy.

En aquel momento era una revolución.

Sony llegó primero con Betamax

En 1975, Sony lanzó su sistema Betamax para consumidores. Era compacto, moderno y llegó al mercado antes que el VHS. Durante un momento parecía tener una ventaja importante.

Pero había un problema práctico.

Los primeros sistemas Beta tenían una duración de grabación relativamente limitada. JVC diseñó VHS con una meta clave: dos horas de grabación en su configuración original, frente a aproximadamente una hora en los primeros equipos Beta mencionados por los historiadores del desarrollo del VHS.

Eso significaba algo muy sencillo para el consumidor:

podías grabar una película completa sin cambiar de cinta.

Y en una guerra tecnológica, la comodidad muchas veces pesa más que la elegancia.

En 1976 apareció el VHS

JVC presentó su primer grabador VHS, el HR-3300, en septiembre de 1976. JVC reconoce ese lanzamiento como el nacimiento comercial del formato VHS, mientras que IEEE lo considera un hito tecnológico que terminó convirtiéndose en un estándar mundial para el video doméstico.

El nombre significaba originalmente Video Home System: sistema de video para el hogar.

Y eso describía perfectamente su propósito.

La televisión ya no tenía que desaparecer en el momento en que terminaba una transmisión.

Ahora podías atraparla.

Guardarla.

Y verla después.

VHS contra Betamax: comenzó la guerra de formatos

Durante finales de los años 70 y buena parte de los 80, consumidores de todo el mundo tuvieron que elegir entre sistemas incompatibles.

Videocasetes VHS y Betamax colocados uno junto al otro para comparar sus formatos.

Betamax o VHS.

Una cinta Beta no funcionaba en una videocasetera VHS y viceversa. Comprar una máquina significaba entrar en un ecosistema y esperar que ese ecosistema sobreviviera.

Los Archivos Nacionales de Estados Unidos todavía describen a VHS y Betamax como los dos grandes formatos domésticos que protagonizaron aquella famosa guerra tecnológica, una competencia que finalmente ganó VHS.

Pero ¿por qué ganó?

No existe una única explicación mágica.

VHS ofrecía tiempos de grabación muy competitivos y JVC diseñó el sistema para ser relativamente fácil de fabricar y adoptar por otras compañías. IEEE señala que esa estructura permitió que numerosos fabricantes entraran al mercado utilizando VHS, aumentando rápidamente la cantidad de máquinas disponibles.

RCA llevó VHS al mercado estadounidense en 1977, ayudando a acelerar todavía más su expansión.

Sony tenía un producto formidable.

JVC estaba construyendo un ecosistema.

Y el ecosistema ganó.

El botón REC cambió nuestra relación con la televisión

Quizá el cambio más importante del VHS no fue alquilar películas.

Fue grabar televisión.

Antes, si un programa se emitía el martes a las ocho de la noche, había dos posibilidades:

lo veías el martes a las ocho…

o te lo perdías.

La videocasetera rompió esa regla.

Podías programar una grabación mientras estabas fuera de casa. Podías guardar un partido, una película, un concierto, un capítulo especial o dibujos animados para verlos después.

Aquella práctica incluso recibió un nombre importante durante la batalla legal alrededor de los grabadores domésticos: time-shifting, grabar una transmisión para verla en otro momento.

En 1984, la Corte Suprema de Estados Unidos decidió el famoso caso Sony Corp. v. Universal City Studios, relacionado con los grabadores Betamax. La decisión estableció que estos aparatos tenían usos legítimos sustanciales y protegió la práctica de grabar programas para verlos posteriormente en el hogar.

El caso trataba sobre Betamax.

Pero el resultado ayudó a asegurar el futuro de toda una cultura de grabación doméstica que VHS terminaría dominando.

Todos teníamos aquella cinta misteriosa

Panel frontal de la videocasetera JVC HR-3300U, uno de los primeros equipos domésticos VHS.

Cuando VHS se convirtió en algo normal dentro de los hogares, comenzó otra tradición.

Las cintas grabadas.

Cajas llenas de VHS con etiquetas escritas a mano:

Navidad 1994

Películas

Dragon Ball

Partido

No borrar

Cumpleaños

Y aquella cinta que simplemente decía:

VARIOS

La cinta VHS era reutilizable. Podías grabar encima de algo antiguo, detener la grabación durante comerciales y continuar después.

Eso también significaba que una sola cinta podía transformarse durante años.

Comenzaba como una película.

Después alguien grababa un programa encima.

Luego quedaban quince minutos de un cumpleaños.

Después aparecía media transmisión deportiva.

Era desordenado, analógico y completamente personal.

El VHS creó una biblioteca de películas dentro de casa

El siguiente gran cambio fue poder comprar películas grabadas profesionalmente.

Por primera vez, una película podía convertirse en un objeto de colección doméstico.

La caja.

La portada.

Las imágenes en la parte trasera.

El texto explicando la historia.

El logotipo del estudio al principio.

Y aquella cinta negra que parecía contener algo especial.

Durante los 80 y 90, las estanterías comenzaron a llenarse de películas en VHS. Algunas familias compraban sus favoritas. Otras grababan películas emitidas por televisión.

Y otras descubrieron una posibilidad todavía más poderosa:

no era necesario comprar la película.

Podías alquilarla.

Sin el VHS, Blockbuster probablemente no habría sido Blockbuster

La expansión del video doméstico ayudó a crear una nueva industria alrededor del alquiler.

Pequeños videoclubes aparecieron por todas partes y eventualmente cadenas enormes convirtieron elegir una película en parte del entretenimiento.

Ahí entra directamente nuestro primer archivo de Señal Nostalgia: Blockbuster.

VHS permitió que una tienda pudiera almacenar cientos o miles de películas y prestarlas durante una noche o un fin de semana.

El videoclub se convirtió en una especie de biblioteca de cine comercial.

Entrabas sin saber exactamente qué querías ver.

Recorrías los pasillos.

Mirabas portadas.

Encontrabas una película que jamás habías escuchado mencionar.

Y tomabas una decisión basada, muchas veces, únicamente en una imagen espectacular impresa sobre una caja.

Para una generación completa, la búsqueda de la película era parte de la película.

Interior contemporáneo de un videoclub independiente con estanterías llenas de películas.

“Be Kind, Rewind”

Había una regla no escrita del mundo VHS.

Rebobina antes de devolverla.

Una cinta no regresaba automáticamente al principio cuando terminaba la película. Si la devolvías sin rebobinar, la siguiente persona podía meterla en la videocasetera y descubrir que estaba mirando los créditos finales.

De ahí nació aquella frase que quedó asociada para siempre con la cultura del videoclub:

Be Kind, Rewind.

Sé amable. Rebobina.

Hoy parece ridículo.

Durante los años 90 era simplemente educación básica del videoclub.

También existía el ritual de ajustar el tracking

Mecanismo interno de una videocasetera VHS con engranajes, cabezal y placa electrónica visibles.

VHS era una tecnología impresionante para su época.

También podía ser temperamental.

Una cinta gastada podía llenar la pantalla de líneas.

La imagen podía saltar.

El sonido podía deformarse.

Y entonces aparecía una palabra que generaciones más jóvenes probablemente nunca tuvieron que aprender:

TRACKING.

Mover el control de tracking ayudaba a ajustar la reproducción cuando el cabezal y la señal grabada no estaban perfectamente alineados.

No siempre funcionaba.

Pero cuando la imagen finalmente dejaba de brincar después de treinta segundos presionando botones, se sentía como haber reparado la televisión personalmente.

Las videocaseteras parecían máquinas industriales

Las primeras videocaseteras podían ser enormes.

Y durante años estuvieron cubiertas de botones.

Play.

Stop.

Pause.

Record.

Rewind.

Fast Forward.

Eject.

Tracking.

Timer.

Channel.

SP.

LP.

EP.

Y aquel reloj digital que en millones de casas permaneció durante años mostrando:

12:00

Programar una videocasetera podía sentirse como introducir coordenadas a una nave espacial.

Pero una vez aprendías, la máquina te daba algo que hasta entonces había sido casi imposible:

control sobre la televisión.

VHS también guardó nuestras propias vidas

Las películas comerciales fueron solamente una parte del fenómeno.

La llegada de cámaras domésticas permitió que millones de familias comenzaran a registrar su propia historia en video.

Cumpleaños.

Navidades.

Primeros pasos.

Graduaciones.

Vacaciones.

Bodas.

Reuniones familiares.

Videocámara Panasonic VHS-C junto a un casete compacto sobre una mesa clara.

Algunas cámaras utilizaron cintas VHS de tamaño completo y otras emplearon formatos compactos relacionados, como VHS-C. La Library of Congress reconoce las distintas variantes VHS dentro de la enorme familia de formatos de videograbación que ahora forman parte de archivos históricos.

Por eso hoy muchas cintas VHS valen muchísimo más para sus dueños que cualquier película comercial.

No contienen Hollywood.

Contienen personas que quizá ya no están.

Durante los 90, VHS estaba en todas partes

Para los años 90, la guerra contra Betamax prácticamente había terminado en el mercado doméstico.

VHS estaba en casas, escuelas, tiendas, videoclubes y oficinas.

Una televisión con videocasetera conectada podía convertirse en cine, archivo familiar, grabador de programas y herramienta educativa.

Los niños podían ver la misma película cincuenta veces.

Los padres podían grabar programas.

Los profesores podían llevar documentales al salón.

Los fanáticos podían construir colecciones enteras de televisión grabada.

Y los videoclubes podían existir en prácticamente cualquier ciudad.

El VHS no era simplemente un formato.

Era infraestructura cultural.

Entonces apareció el DVD

El formato que terminaría desplazando al VHS no utilizaba cinta magnética.

Era un disco.

El formato DVD comenzó su expansión comercial a finales de los años 90 y ofrecía varias ventajas evidentes: imagen digital, acceso inmediato a escenas, menor tamaño físico, ausencia de rebobinado y espacio para extras, idiomas y otras funciones.

A medida que los reproductores se hicieron más baratos y las películas comenzaron a llegar masivamente en DVD, las ventajas del VHS empezaron a parecer limitaciones.

No había que ajustar tracking.

No había que rebobinar.

No había que esperar mientras la cinta avanzaba hasta encontrar una escena.

Y la imagen no se deterioraba simplemente por reproducirla muchas veces del mismo modo que podía ocurrir con una cinta magnética.

El cambio no ocurrió de una noche para otra, pero durante los primeros años de los 2000 el DVD fue desplazando rápidamente al VHS. TIME señala que las ventas de DVD terminaron superando a las de videocassettes mientras la demanda de videocaseteras entraba en declive.

El mundo digital terminó el trabajo

Después del DVD llegaron nuevas formas de consumir video.

Grabadores digitales.

Video bajo demanda.

Blu-ray.

Archivos descargables.

YouTube.

Netflix.

Streaming.

El VHS había resuelto un problema enorme en 1976:

¿cómo llevamos video grabado a una casa?

Décadas después, ese problema prácticamente había desaparecido.

Ya no necesitábamos guardar físicamente el programa dentro de una cinta.

El video podía convertirse simplemente en datos.

La última fábrica de videocaseteras se rindió en 2016

Lo sorprendente es cuánto tiempo sobrevivieron las máquinas.

En 2016, Funai —que se identificaba como el último fabricante de videocaseteras del mundo— anunció que dejaría de producirlas debido, entre otras razones, a la dificultad para conseguir componentes. La compañía todavía había vendido alrededor de 750.000 unidades durante 2015.

Cuarenta años después de la aparición del VHS, la era comercial de la videocasetera finalmente estaba llegando a su fin.

Pero las cintas no desaparecieron.

Millones continúan guardadas en armarios, cajas, áticos y colecciones privadas alrededor del mundo.

Y ahora esas cintas son cápsulas del tiempo

Hay algo especial en encontrar una cinta VHS vieja que ningún servicio de streaming puede reproducir.

Quizá tenga una película.

Pero también podría contener una transmisión de televisión completa con comerciales de 1993.

Un noticiero.

Un partido.

Un programa infantil.

Una grabación familiar.

Un anuncio de un producto que desapareció hace treinta años.

Incluso los errores son interesantes.

La estática.

Las líneas.

La señal débil.

Una grabación que empieza demasiado temprano y captura unos segundos del programa anterior.

Una cinta VHS puede preservar no solamente el contenido que alguien quería guardar.

Puede preservar accidentalmente todo el mundo que existía alrededor de ese contenido.

Por eso el VHS todavía provoca tanta nostalgia

Desde un punto de vista técnico, casi todo lo que utilizamos hoy es superior.

4K.

HDR.

Streaming instantáneo.

Audio digital.

Miles de películas disponibles sin levantarnos del sofá.

Pero VHS pertenecía a una época en la que el entretenimiento tenía una presencia física.

Podías sostener una película.

Prestarla.

Perderla.

Romperla.

Escribir encima.

Grabar sobre ella accidentalmente.

Encontrarla veinte años después dentro de una caja.

Una biblioteca de VHS no era simplemente una lista de títulos.

Era una colección de objetos que había acompañado momentos específicos de nuestra vida.

El VHS no solo cambió cómo veíamos películas

Ese quizá sea el verdadero legado del formato.

VHS permitió que el espectador dejara de depender completamente del horario de televisión y de las salas de cine.

Podíamos decidir cuándo mirar algo.

Podíamos guardar una transmisión.

Podíamos construir una colección.

Podíamos alquilar una película durante el fin de semana.

Podíamos registrar nuestra propia familia.

Muchas de las libertades que hoy damos por sentadas comenzaron a sentirse normales durante la era del video doméstico.

El VHS perdió contra el DVD.

El DVD terminó cediendo terreno al streaming.

Pero la idea que VHS ayudó a popularizar nunca desapareció:

el entretenimiento debía estar disponible cuando nosotros quisiéramos verlo.

Y por eso aquella cinta negra rectangular ocupa un lugar mucho más importante en la historia de la tecnología de lo que su imagen borrosa y sus interminables rebobinados podrían sugerir.

Porque durante años, antes de que todo estuviera disponible con un clic, el mundo del cine cabía dentro de una caja de plástico.

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One response to “La historia del VHS: el formato que cambió para siempre cómo veíamos películas”

  1. Elon Muska

    front kick y pan con pasta

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