5 películas de terror de 1996 para una noche de VHS

Cinco películas estrenadas en 1996 demostraron que el terror no estaba muerto: fantasmas, brujas, vampiros, cintas prohibidas y reglas que no podían salvarte.

En 2026, las películas de terror de 1996 cumplen treinta años, y dos aniversarios resumen la extraña riqueza de aquel calendario. Tesis celebró el suyo el 12 de abril con una proyección en la Universidad Complutense, mientras Scream llegará en diciembre a las tres décadas de su estreno estadounidense.

Es una buena excusa para recuperar un ritual: viernes por la noche, lluvia contra la ventana, una bolsa del videoclub sobre la mesa y la decisión de escoger una cinta por su portada. Esta lista intenta reconstruir esa sesión, pero con una idea central: 1996 no fue un páramo que una sola película salvó de repente; fue un laboratorio donde convivieron brujería adolescente, fantasmas digitales, vampiros de carretera, cinefilia homicida y miedo español a las imágenes.

Cómo elegimos estas películas de terror de 1996

Solo incluimos largometrajes con estreno comercial original durante 1996, aunque en algunos países latinoamericanos hayan llegado después. El orden combina cinco criterios editoriales: atmósfera, originalidad, influencia, capacidad de sostener una nueva visita y lo bien que cada película representa una faceta distinta de su año.

No es una puntuación científica ni pretende convertir gustos en datos objetivos. Es una guía curada para una noche de VHS: empieza con una rareza sobrenatural accesible, aumenta la intensidad y termina con la obra que mejor convirtió el conocimiento del género en una nueva forma de miedo.

Cinta VHS negra vista desde arriba sobre un fondo blanco.

5. The Frighteners: fantasmas, humor negro y una herida real

The Frighteners parece comenzar como una travesura. Frank Bannister, interpretado por Michael J. Fox, puede ver fantasmas y utiliza esa ventaja para montar pequeñas estafas paranormales; el negocio funciona hasta que una presencia mucho más peligrosa empieza a dejar víctimas reales.

La ficha del American Film Institute registra su estreno de Los Ángeles el 19 de julio de 1996 y la clasifica justamente entre comedia y terror. Esa mezcla explica tanto su encanto como la dificultad de venderla: Peter Jackson pasa de la energía de una casa embrujada a una historia sobre duelo, culpa y asesinato sin pedir permiso.

Su punto de giro todavía funciona porque lo digital no reemplaza el pulso macabro de Jackson; lo amplifica. Los espectros juguetones preparan al espectador para una película ligera, y cuando el relato revela lo que realmente persigue a Frank, la misma elasticidad visual empieza a sentirse enfermiza.

Quizá no sea la cinta más aterradora del grupo, pero sí la mejor apertura para la sesión. Conserva la sensación de descubrir una caja extraña en el estante del videoclub y llevarla a casa sin saber si habíamos alquilado una comedia, una aventura sobrenatural o algo considerablemente más oscuro.

Peter Jackson habla durante un panel de Comic-Con de San Diego en 2014.

4. The Craft: el poder adolescente también podía dar miedo

The Craft entendió algo que muchas imitaciones olvidaron: la ropa negra, las velas y la música podían atraer miradas, pero el verdadero horror estaba en la relación entre cuatro jóvenes que por fin encontraban un lugar de pertenencia. La magia les ofrece una salida frente al acoso, el racismo, el abuso y la soledad; después convierte ese refugio en una lucha por el control.

Estrenada en Estados Unidos el 3 de mayo de 1996, la película no necesita disculparse por mezclar drama escolar, fantasía y terror. Su fuerza está en observar cómo una amistad se deforma cuando los deseos dejan de ser secretos y empiezan a tener consecuencias visibles.

Reducirla a “la película de las brujas góticas” es quedarse con la decoración. Su imagen cultural fue enorme, pero lo que sostiene una revisión es la tensión entre Sarah y Nancy: una busca límites para un poder que no entiende; la otra descubre una autoridad que nunca había tenido y se aferra a ella hasta destruir el grupo.

En una noche de VHS ocupa el cuarto puesto porque cambia el tipo de amenaza. Después de los fantasmas externos de The Frighteners, aquí el peligro nace dentro de un círculo de amigas, en pasillos escolares y habitaciones que deberían sentirse seguras.

3. From Dusk Till Dawn: la película que cambia de género a mitad del viaje

Hay películas que esconden un giro y otras que cambian de motor delante del espectador. From Dusk Till Dawn empieza como un thriller criminal áspero sobre los hermanos Gecko, una familia secuestrada y una fuga hacia México; cuando llega la noche, el relato se transforma en una batalla de vampiros con la lógica excesiva de una función de medianoche.

Robert Rodriguez dirige el guion de Quentin Tarantino como si ambos géneros hubieran estado chocando desde el primer kilómetro. El suspenso de carretera no desaparece: se convierte en combustible para un encierro donde cada objeto puede terminar como arma y cada rostro puede dejar de ser humano.

Su relación con México debe leerse con cuidado. La presencia de Salma Hayek y la mirada mexicoestadounidense de Rodriguez le dan una conexión cultural concreta, pero el bar fronterizo pertenece al territorio deliberadamente artificial del pulp estadounidense; no es un retrato realista del país ni pretende serlo.

El tercer puesto reconoce su audacia como experiencia colectiva. Verla sin conocer la mutación era recibir dos películas en una cinta; verla hoy sabiendo lo que viene permite apreciar el mecanismo, la velocidad y el humor físico con el que prepara y libera el caos.

Robert Rodriguez conversa con el público durante el festival South by Southwest en 2009.

2. Tesis: mirar el horror también nos vuelve parte de él

Ángela investiga la violencia audiovisual para su tesis universitaria y encuentra una grabación que convierte la curiosidad académica en peligro. Alejandro Amenábar construye la película alrededor de pasillos, archivos, cintas y habitaciones oscuras: espacios cotidianos donde buscar una imagen puede resultar tan amenazante como aquello que contiene.

La Universidad Complutense conmemoró el 12 de abril de 2026 los treinta años del estreno en la misma facultad donde se rodó parte de la obra. La efeméride no es solo ceremonial: Amenábar anunció una remasterización para corregir problemas de velocidad y mejorar el sonido, una conexión presente para una película obsesionada desde su origen con la tecnología de mirar.

Un recuerdo engañoso hace que Tesis parezca más explícita de lo que realmente es. Su violencia pesa porque la película insiste en la espera, los sonidos, la reacción de Ángela y la responsabilidad del espectador; muchas veces, lo decisivo no es ver más, sino comprender por qué alguien quiere seguir mirando.

La Academia de Cine sitúa a Tesis entre las películas ganadoras de siete premios Goya en la edición de 1997. El reconocimiento ayuda a medir su impacto industrial, pero su permanencia nace de algo más íntimo: convirtió una universidad española y una cinta de video en lugares capaces de contaminar la imaginación durante días.

Alejandro Amenábar posa en la alfombra roja de los Premios Goya de 2025.

1. Scream: saber las reglas no servía para sobrevivir

Una llamada telefónica, una pregunta sobre cine de terror y una casa que de pronto parece demasiado aislada. Scream toma objetos normales —el teléfono fijo, el televisor, la puerta del garaje, la cinta alquilada— y los convierte en piezas de una amenaza que conoce las mismas películas que sus víctimas.

La idea suele resumirse como “personajes que saben las reglas”, pero el logro de Wes Craven y el guionista Kevin Williamson fue más preciso. El conocimiento no protege: crea una falsa seguridad, vuelve cada conversación una sospecha y permite que el asesino utilice la cinefilia como una forma de control.

Scream tampoco inventó el terror autoconsciente. Craven ya había explorado la metaficción en New Nightmare, y el género llevaba décadas comentando sus propias convenciones; la diferencia fue la claridad con la que esta película reunió sátira, misterio y miedo para un público masivo. La reseña publicada por Sight and Sound en 1997 ya observaba que diseccionar la fórmula no impedía que funcionaran la parodia y los sobresaltos.

Ocupa el primer lugar porque cambió la conversación sin dejar de ser una máquina de suspenso. Sus imitaciones copiaron llamadas, adolescentes elocuentes y asesinos enmascarados, pero pocas entendieron que debajo del juego había dolor, amistades rotas y una protagonista cuya inteligencia nunca eliminaba su vulnerabilidad.

Lo que 1996 cambió en el cine de terror

El año no produjo una sola respuesta para el género. The Frighteners mezcló efectos digitales con sensibilidad de casa embrujada; The Craft convirtió la pertenencia adolescente en una lucha de poder; From Dusk Till Dawn hizo del cambio de tono su espectáculo; Tesis interrogó el deseo de ver; y Scream convirtió la memoria del público en parte del argumento.

Por eso vale la pena recuperar estas películas junto a la historia del VHS, el ritual de elegir una caja en los pasillos de Blockbuster y el posterior salto hacia las colecciones en DVD. El formato cambió, pero el placer de diseñar una sesión, apagar las luces y dejar que una película marque el ritmo de la noche sigue intacto.

La pregunta central era cuál de estas obras todavía merece una noche de VHS. La respuesta es: las cinco, porque juntas muestran un género que en 1996 no estaba muerto, sino buscando nuevos lugares desde donde atacar. Si solo hay tiempo para una, Scream sigue siendo la puerta más completa; si hay toda una noche, el recorrido desde los fantasmas de Jackson hasta la llamada de Woodsboro cuenta una historia mucho más rica.

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